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Hiperconectividad y Tooodo lo que Implica

El mundo tan conectado en el que vivimos tiene miles de beneficios y nos acerca muchísimo cuando la presencia física no es posible, cuando queremos mantenernos “al día” con la vida de nuestros seres queridos o personas que admiramos. Nos permite acortar distancias, teletrabajar y acceder a informaciones que en tiempos pasados no podíamos imaginarnos que serían tan fáciles de encontrar con solo scrollear. Esta conectividad ha modificado inmensamente y, en mucho positivamente, la forma en la que vivimos, pero no podemos dejar de lado que puede llegar a ser un poco problemática.

Específicamente, cuando hablamos sobre la conectividad, tenemos que hablar también de la forma en la que nos impacta en las relaciones que estamos creando con nuestro propio cuerpo y nuestra alimentación. Al estar siempre conectades, consumiendo contenidos tan variados como los que ofrece el amplio mundo de las redes sociales, también estamos expuestes a un bombardeo sutil, pero gigantesco de información que, a veces hasta sin darnos cuenta, resulta más abrumador de lo que estamos acreditando. Hemos transformado en nuestro ocio ser espectadores de rutinas de ejercicios, platos de comida, outfits del día, vidas aesthetic y de ensueño que, aunque en principio no tienen nada de malo e innegablemente, pueden resultar entretenidas, también pueden conducirnos a establecer o confirmar algunas creencias poco funcionales.

Por ejemplo, podríamos estar confirmando con eso que consumimos en redes creencias como que nuestro valor es directamente proporcional a nuestra productividad o nuestra belleza (lo que es particularmente peligroso considerando que se nos ha enseñado un concepto de belleza tan angosto y alejado de la realidad que es impensable que quepamos ahí todes). Esto lo confirmamos cuando notamos que existen ciertos hábitos y estilos de vida que casi que son exclusivamente merecedores de likes, reconocimientos y hasta alabanzas cuando presentados por personas en cuerpos “normativos”.

No son pocas las ocasiones en las que nuestra conectividad y el contenido que elegimos (o nos llega) puede derivar en comparaciones entre aquello que vemos y lo que estamos haciendo y, a partir de ahí, en un sinfín de cuestionamientos sobre si lo estaremos haciendo “suficientemente bien”.

El impacto de estas creencias es tan grande que incluso hemos llegado a pensar que nuestro cuerpo es un “problema por resolver” y que si no cabe en esa minúscula categorización hegemónica de belleza, es porque no nos esforzamos lo suficiente y que deberíamos cargarlo con culpa, miedo y vergüenza. Esto no es bajo ninguna circunstancia un ataque a las personas que gozan de las redes sociales mientras habitan un cuerpo normativo, sino un llamado a la necesidad de visibilizar la diversidad de cuerpos existentes e igualmente merecedores de un espacio simbólico y seguro en las redes sociales. (Ni qué hablar de espacios no simbólicos, sino muy reales como sillas, espacios en el transporte público, ropas, entre otros… De lo que podría escribir libros completos para siquiera empezar a cuestionar).

Señalar esta relación que intento establecer aquí puede resultar obvio. Es probable que muches lectores gocen del privilegio de tener feeds cargados de mensajes más compasivos e incluyentes; sin embargo, no podemos caer en el sesgo de creer que eso es la norma. Porque no lo es. Este bombardeo del que les hablo puede ser un factor mantenedor, aunque no necesariamente causal, de un montón de creencias que socialmente construimos y a veces perpetuamos. Creencias que directa e indirectamente nos han llevado a pensar que le fallamos a las dietas y no que ellas nos fallan a nosotres, que existen comidas buenas y malas, que tenemos que “merecer” comer ciertos alimentos o que al consumirlos, tenemos que compensar con restricciones o ejercicios. Mi invitación es a que hablemos mucho de todos estos temas que deberíamos estar conversando y cuestionando más y que elijamos a diario resignificar lo que hemos aprendido sobre la ‘salud’ y el ‘bienestar’, incluyendo dentro de esos conceptos la diversidad corporal y una vida sin el estresor permanente de buscar una ‘perfección’ rígida e ideal.

Laura Muñoz es una psicóloga egresada de la UCR. Especializada en temas relacionados a la conducta alimentaria y la relación con el cuerpo en distintos espacios, como el International Association of Eating Disorders Professionals (iaedp). Además, es miembro de la Comisión de Desórdenes Alimentarios del Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica… y también, se formó en la Terapia Dialéctico Conductual (DBT), especializada para atender la desregulación emocional. Actualmente, se encuentra estudiando una maestría en Trastornos de la Conducta Alimentaria en el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) y formándose en la Terapia Dialéctico Conductual Radicalmente Abierta (RO-DBT), especializada en el sobrecontrol.

Podés seguir a Laura en Instagram.

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