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Aprendiendo a Aceptar

No sé si sabías, pero en Costa Rica, cuando entramos a estudiar la Especialidad en Psiquiatría, te indican que debés de iniciar un proceso psicoterapéutico y a pesar de que previamente yo ya había ido al psicólogo, esta vez estaba realmente comprometida con mi proceso.

Fue en terapia que escuché por primera vez la palabra aceptación. Esto incluía aceptar un montón de cosas que trataba de alguna forma de ignorar para que “desaparecieran”, porque obvio, si no las pensaba o hablaba de ellas, no existían. Era aceptar mi ansiedad, aceptar que no todo estaba bien en mi relación del momento, aceptar mi sufrimiento, aceptar que tendía a compararme con otros constantemente. Básicamente, me tocaba sentarme y sentir cosas que no necesariamente me agradaba sentir. Me enojé mucho al principio y mi pensamiento recurrente era “quiero ser otra persona, todo esto que yo soy y estoy sintiendo está mal”.

Conforme mi proceso terapéutico fue evolucionando me di cuenta de que me lastimaba más al no aceptar todas estas cosas, al no entender que al menos por este momento, esto era así y que tenía que trabajarlo para sanarlo. Y te cuento todo esto porque sé que es difícil… aceptarnos tal cual a veces es un proceso complejo y lleva tiempo. Por eso hoy te quiero dejar varias cosas importantes que tenés que saber sobre la aceptación y que espero te ayuden en tu camino de sanación.

  • Es irreal que pensemos que de la noche a la mañana nos levantamos y listo, aceptamos todo, estamos bien con nuestro dolor emocional o nuestra dolencia física. Aceptamos que nuestra relación tiene dificultades importantes, que hay cosas de nuestro pasado que nos persiguen, o que somos muy críticos con nosotros mismos. Esto no funciona así. La aceptación es un proceso activo y debemos de practicarlo de forma consciente. Requiere esfuerzo, consistencia, paciencia y compasión con uno mismo. No es un trayecto lineal.
  • Aceptar no significa que lo que me esté sucediendo me tenga que gustar o no me pueda doler, pero creeme que el no sentir genera más sufrimiento y puede convertirse en síntoma. Al aceptar lo que tengo que aceptar me doy espacio para detenerme y sentir. Solamente sintiendo lo que tengo que sentir, puedo soltar y trascender.
  • Aceptar las cosas no significa que no pueda modificarlas. Puedo aceptarme y aceptar mis circunstancias, pero también puedo trabajar en ellas. Está bien hacer pequeñas grandes modificaciones en aras de mejorar mi vida globalmente. Puedo aceptar mi cuerpo y amarlo y aun así buscar realizar modificaciones de forma saludable con actividad física y alimentación. Puedo reconocer y aceptar mis emociones, pero también puedo ir a terapia para aprender a gestionarlas mejor.
  • Aceptar no implica que esto que me ocurre, que esto que no me gusta o que mi contexto actual, va a ser así por siempre. ¡Todo cambia! Por ejemplo, yo llegué a aceptar mi ansiedad y entendí que me estaba acompañando y me iba a acompañar, pero el hecho de que la acepte no significa que siga siendo igual a la de hace unos años. Mi ansiedad ya no me bloquea ni me define. Y aquí te introduzco al principio de la impermanencia: todo está en constante cambio, nada es permanente. Nuestros pensamientos, emociones y nosotros mismos somos cambio. Aunque a veces las cosas se sientan eternas, no duran para siempre. Entender el sentido de impermanencia nos da libertad, nos proporciona miles de oportunidades para ser y estar hoy.

Termino diciéndote que comprendo perfectamente que la aceptación puede ser todo un desafío, pero te prometo que vale la pena y que en medio de ese proceso se puede llegar a aceptar, amar y agradecer todo lo que uno es.

María José Arrieta Guzmán es Médica Especialista en Psiquiatría, egresada de la Universidad de Costa Rica. Además, es la creadora de Nueva Mente, un espacio de psicoeducación de Salud Mental. Se considera absolutamente apasionada de su profesión y siempre se guía en medicina basada en evidencia. Es fiel creyente de que no hay salud sin salud mental.

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