Imagen destacada de Vivir del arte

Vivir del arte

Vivir del arte no es solamente vivir de crear. Es aprender a sostener la sensibilidad en un mundo que muchas veces premia la rapidez más que la profundidad.

La gente cree que vivir del arte es tomar fotos bonitas, pintar, cantar o escribir. Pero pocas veces ven todo lo que existe detrás: las horas dudando de uno mismo, el miedo a que la creatividad se agote, el cansancio de convertir algo tan íntimo en un trabajo que también tiene números, cuentas, estrategia y presión y tiempos.

Durante mucho tiempo sentí que tenía que escoger entre ser artista o ser empresaria. Entre crear con el corazón o aprender a cobrar por lo que hago. Y con el tiempo entendí algo importante: vivir del arte también es aprender a darle valor a tu mirada.

Porque el arte no nace solamente del talento.

Nace de la forma en la que observas el mundo y es atreverte a mostrarte humano.

En mi caso, mi arte nació de mi sensibilidad. De fijarme en detalles que otros pasan por alto. De entender que una fotografía no es solamente una imagen: es memoria, emoción, identidad y tiempo detenido. Y eso tomó años entenderlo… y todavía sigo aprendiéndolo.

Llevo trabajando desde los 18 años.

Y si soy honesta, durante muchos años dije que sí a absolutamente todo.

Aceptaba cada oportunidad que se me presentaba porque tenía miedo de perder una posibilidad, un cliente, un contacto o un futuro que todavía no entendía cómo construir. Trabajaba incansablemente, especialmente los fines de semana. Mientras otros descansaban, yo editaba, manejaba, fotografiaba, respondía mensajes y seguía intentando abrirme camino en una industria donde muchas veces el arte no siempre se toma en serio.

Y aunque agradezco profundamente esa etapa porque me formó, también me enseñó algo importante: no toda oportunidad es crecimiento.

Con el tiempo aprendí a darle valor a mi trabajo. A entender que escoger también es parte del éxito. A diferenciar entre una oportunidad trampolín de esas que te expanden, te retan y te abren puertas y aquellas que simplemente te consumen energía sin acercarte a la vida que quieres construir.

Vivir del arte también implica reinventarse constantemente. Aprender a crear incluso cuando no hay inspiración. Aprender a seguir creyendo en tu voz en un mundo lleno de comparación. Aprender que encontrar un estilo propio no sucede copiando tendencias, sino teniendo el valor de mirar hacia adentro.

Y quizás una de las lecciones más importantes para mí ha sido entender que descansar no es perder el tiempo.

Hoy, como mamá, estoy viviendo una etapa completamente distinta. Una etapa donde entendí que no necesito correr todo el tiempo para crecer. De hecho, entre más pausas tengo, más creatividad encuentro. Entre más descanso, más innovo. Entre más espacio me doy para vivir, observar y sentir, más auténtico se vuelve mi trabajo.

Aprendí que descansar no es un premio.

Es un lujo realmente necesario.

Y también una parte fundamental del proceso creativo.

Esa pausa me permitió ver mi carrera desde otra perspectiva. Mi negocio dejó de encerrarse únicamente en Costa Rica y empezó a expandirse hacia afuera. Gracias a las oportunidades que la vida me puso enfrente pero dependía de mi hacerlas propias y valorar y agradecer cuando las tomaba, porque  cuando llegaron pude construir conexiones invaluables , crear comunidad y expandir mi networking de una manera que jamás imaginé cuando tenía 18 años y trabajaba sin parar tratando de sobrevivir.

Muchas veces los artistas crecemos creyendo que debemos agradecer cualquier oportunidad, cobrar menos, minimizar nuestro trabajo o sentir culpa por querer vivir bien haciendo lo que amamos. Pero el arte también merece estructura, respeto y ser tomado enserio.

Por eso hoy creo que vivir del arte no es solamente un sueño romántico y todo de color pastel.

Es una elección.

Y también una responsabilidad.

Porque no todos los artistas deciden vivir de su arte, y está bien. Pero quienes sí lo hacemos, entendemos que además de sensibilidad, hace falta disciplina, visión, constancia y mucho coraje… lastimosamente en las carreras artísticas hace mucha falta estructura de negocio y aprender de cómo vivir de eso que estudiamos, salimos y eso nos lo enseña “ la calle” 

Hoy entiendo que vivir del arte no significa solamente sobrevivir de él.

Significa construir una vida alrededor de eso que te hace sentir más vivo.

Y si algo he aprendido, es que el arte verdadero no solamente cambia la vida del artista. También cambia la vida de quien lo recibe y valora.

Porque una fotografía puede convertirse en el recuerdo más valioso de una familia.

Una canción puede hacer a alguien sentirse acompañado en un momento oscuro.

Una pintura puede hacer sentir comprendido al que la interpreta.

El arte nos recuerda que estamos vivos.

Y quizás ese sea el legado más importante que quiero dejarle a mis hijas: la valentía de construir una vida alrededor de aquello que las haga sentirse vivas.

Que entiendan que sí se puede vivir creando.

Que sí se puede vivir sintiendo profundamente.

Y que el arte, cuando se trabaja con amor, intención y autenticidad, puede abrir puertas mucho más grandes de las que alguna vez imaginamos y un negocio realmente rentable.

Porque vivir del arte, al final, no se trata solamente de crear algo lindo.

Se trata de construir una vida con propósito.


Alexia Uriarte es fotógrafa, empresaria y creadora costarricense. A través de su trabajo ha explorado la fotografía como una forma de preservar emociones, memorias e identidad, construyendo una carrera donde el arte y la sensibilidad se convierten también en una visión de negocio. Con años de experiencia en la industria creativa, hoy comparte una mirada honesta sobre lo que significa vivir del arte, crear con propósito y construir una vida alrededor de aquello que nos hace sentir más vivos.


Queremos seguir caminando juntas. Suscribite al Círculo para recibir en artículos como este directamente a tu correo, llenos de inspiración, sororidad y herramientas para crecer y apoyarnos mutuamente.

Flor
Unite al Círculo