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Nutrir a la madre, raíz del mundo

El vientre de la sociedad late al ritmo de sus madres. Somos nosotras las que formamos la raíz del mundo. Y aún así, caminamos por la vida sosteniendo el mundo en brazos cansados, cargando con culpas que nunca nos pidieron llevar y con la sensación de que nunca es suficiente.

Pero hay otra forma. Una que no empieza con dolor, sino con presencia. Con la decisión de ser la mujer que vinimos a ser para poder ser la madre que nuestros hijos merecen. Una forma que no se trata de sobrevivir la maternidad, sino de vivirla. De sentirla. De expandirnos en ella.

Cuando tuve a mis dos hijos, uno seguido del otro, mi cuerpo y mi alma quedaron en un lugar que no reconocía. Hice todo lo que me dijeron: comí bien, descansé cuando pude, seguí las recomendaciones. Pero algo no encajaba. La alimentación no era suficiente. Y me di cuenta de que la excusa de la madre sufrida, de lo dura que es la maternidad, de todo eso que se habla mal —sí, viene de un sistema que no nos acompaña ni nos comprende— pero también viene de nosotras cuando dejamos de mirarnos. Cuando nos desconectamos de lo que realmente necesitamos.

No se trata de echarle la culpa a nadie. Se trata de recuperar el poder de crear capacidad donde antes había vacío. De nutrirnos para poder nutrir. De ser la raíz fuerte que sostiene el árbol entero.

Porque la capacidad lo es todo. No es un lujo. Es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás. Es lo que nos permite responder en lugar de reaccionar. Es lo que convierte el agotamiento en presencia. Es lo que nos da paciencia cuando todo pide prisa, y un sistema nervioso cuidado que no se quiebra ante la tormenta.

Y la capacidad no aparece por arte de magia. Se construye desde lo que comemos, desde cómo descansamos, desde cómo nos hablamos, desde cómo permitimos que la luz del sol y la tierra bajo nuestros pies nos recuerden que somos naturaleza también. Se construye con pequeños actos de amor hacia nosotras mismas, esos que luego se convierten en el mayor regalo que podemos dar a nuestros hijos: una madre presente, entera, viva.

La maternidad no tiene por qué ser, ni es, extremadamente dura. No se trata de sobrevivirla. Se trata de vivirla. De sentirla con todos los sentidos. De reír y llorar y asombrarse sin que el cansancio nos robe la magia. De estar ahí, de verdad, sin estar pensando en lo que viene después.

Y para eso necesitamos estar nutridas. No solo con comida, aunque también. Necesitamos nutrir el alma, la mente, el cuerpo. Necesitamos entendernos, escucharnos, darnos lo que realmente pedimos en silencio. Necesitamos dejar de ser mártires para ser mujeres plenas.

Por eso escribí este libro. No es un manual más. Es un pedazo de mi historia, de mis tropiezos y de mis descubrimientos trabajando con tantas mujeres alrededor del mundo. Es una invitación a que te sientes a la mesa contigo misma y te preguntes: ¿qué necesito para ser mi mejor versión? Para ser esa madre que mis hijos recuerden con luz en los ojos, no con el peso de mi cansancio.

En “Nutrir a la Madre” hablo de nutrición real, de recetas que sanan, de vivencias que te harán sentir acompañada, de recomendaciones que vuelven a lo simple y a lo verdadero. Porque la alimentación de las madres no es un detalle menor. Es el código de nuestra energía, de nuestra paciencia, de nuestra presencia.

Si estás cansada de dar todo y sentir que no te queda nada. Si sabes que hay otra forma de maternar. Si quieres dejar de sobrevivir para empezar a vivir y criar desde la plenitud…

Este libro lo hice con todo el amor del mundo para ti. Para todas las madres del mundo. Porque cuando una madre se nutre, todo su mundo florece. Y el mundo entero, con ella.

Las madres somos la raíz de todo. Es hora de nutrir esa raíz. Por nosotras, por nuestros hijos, por todo lo que viene después.

“Nutrir a la Madre” ya está disponible: Clic aquí para más información

Envíos a cualquier parte del mundo.

Te espero en sus páginas. Con amor.


Cata es nutricionista clínica femenina, asesora perinatal, escritora y mamá. Acompaña a las mujeres a volver a sí mismas a través del cuerpo, la maternidad y el cuidado. Cree en una maternidad que no nos borra, sino que nos transforma; en nutrir cuerpo y alma, y en construir una vida más consciente, viva y propia.


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Flor
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