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Mi Voz

Mi forma de expresion es la escritura…Siempre escribí, desde antes que “supiera” organizar las frases. Mucho antes de pensar en publicar un libro, de llamarme escritora o de imaginar que alguien que no me conociera podría leer algo escrito por mí, ya escribía. Escribo porque me resultaba y todavía me resulta, más fácil que hablar.

Hay personas que encuentran las palabras en una conversación. Yo muchas veces las encuentro después. Cuando estoy sola, cuando puedo pensarlas, borrarlas, volver a escribirlas. Cuando no tengo que responder rápido ni encontrar la frase perfecta en el momento.

Durante mucho tiempo quizás no entendí que eso también era tener una voz. Hoy sí. Escribir es mi manera de hablar. Es mi forma de expresión. Es el lugar donde encuentro palabras para cosas que, a veces, no sé decir en voz alta. Y probablemente por eso también amo tanto leer. Para mi no hay muchas cosas más maravillosas que abrir un libro y entrar durante unas horas en la cabeza, la historia o el mundo de otra persona. Leo muchísimo. Siempre lo hice.

Pero tengo una debilidad especial por leer mujeres. Y, sobre todo, por descubrir mujeres que escriben. Esas que no necesariamente las que están en las vidrieras de todas las librerías. Me encanta encontrar escritoras independientes, autopublicadas, pequeñas autoras que todavía no son conocidas. Mujeres como yo, que quizás escriben mientras trabajan, mientras crían, mientras llevan adelante una casa, una pareja, una vida social, un proyecto, bueno una vida entera. Mujeres que probablemente todavía no tengan miles de lectores, pero que tienen muchísimo para decir.

TODAS tenemos mucho para decir.  Porque para tener algo para decir no hace falta que alguien te haya dado primero permiso para decirlo. Y creo que ahí está una de las cosas que más aprendí en mi propio recorrido como escritora.

Nuestra voz no empieza a valer cuando alguien decide escucharla. Ya valía antes. Lo difícil, muchas veces, es animarnos a usarla. Cada una encuentra su propia voz. Yo escribo. Otra mujer habla frente a un micrófono. Otra pinta. Otra baila. Otra emprende. Otra enseña. Otra hace humor. Otra levanta la mano en una reunión y dice algo que nadie se estaba animando a decir. Y otra quizás está recién aprendiendo a decir “no”. Todas son formas de tener voz.

Por eso creo que deberíamos ser muchísimo más cuidadosas a la hora de juzgar cómo se expresa otra mujer. No tenemos que pensar igual. No tenemos que estar de acuerdo en todo. Ni siquiera tenemos que caernos bien. Pero hay una diferencia enorme entre disentir y silenciar. Durante demasiado tiempo las mujeres tuvimos que luchar para ocupar espacios, para poder elegir, para ser escuchadas, para contar nuestras propias historias.

Sería una contradicción enorme que ahora seamos nosotras mismas quienes decidamos qué mujer merece hablar y cuál debería callarse. La voz, de la manera en que cada una elija expresarla, es probablemente nuestra herramienta más poderosa de unión. Porque cuando una mujer cuenta algo, muchas veces otra descubre que no estaba sola.

“Esto también me pasó.”

“Yo también lo pensé.”

“Yo también tuve miedo.”

“Yo también quiero hacerlo.”

Y ahí empieza la comunidad. Hacé eso que soñás. Si algo me gustaría decirle a otra mujer desde mi pequeño lugar de escritora es esto: HACELOOOO! Escribí ese libro. Empezá ese proyecto. Mandá ese manuscrito. Abrí ese negocio. Estudiá eso que siempre quisiste. Agarrá un micrófono. Pintá. Cantá. Contá tu historia. Hacelo aunque todavía no sepas si alguien va a escucharte. Hacelo aunque haya alguien que piense que no sos suficientemente buena. Hacelo aunque tengas cuarenta años, aunque tengas hijos, aunque tengas trabajo, aunque estés cansada, aunque parezca que el momento perfecto nunca llega. Porque probablemente nunca llegue. A veces tenemos que empezar con miedo, con poco tiempo y sin ninguna garantía. Te digo algo? El miedo es parte del proceso, asi que abrazalo. Pero no te quedes con las ganas de hacerlo…

Otro pensamiento que hace años, desde que soy mamá pienso muchísimo en que mi hija, hoy de 6 años, sea una niña feliz y con voz propia. Quiero que pueda decir lo que piensa.Que pueda decir lo que quiere. Y, sobre todo, que pueda decir lo que no quiere. Que pregunte. Que cuestione. Que se equivoque. Que cambie de opinión. Que defienda una idea aunque sea diferente a la mía. No quiero criar una niña obediente porque sí. Quiero criar una mujer que algún día pueda mirarse a sí misma y confiar en su propia voz. Por lo menos que tenga las herramientas y que si quiere aplicarlas que lo pueda hacer. Pero considero que nuestra responsabilidad como madres y padres va incluso más allá. A quienes criamos niñas nos toca enseñarles a hablar. Y a quienes criamos niños nos toca enseñarles a escuchar. A escuchar de verdad.

A no sentirse amenazados por una mujer segura. A acompañar sus sueños. A respetar sus límites. A celebrar sus logros. A entender que apoyar la voz de una mujer no disminuye la propia.

Porque quizás una verdadera transformación empiece ahí: criando niñas que sepan que merecen ser escuchadas y niños que sepan que escucharlas también es una forma de amor. 

Las que todavía tenemos mucho para decir, yo voy a seguir escribiendo. No sé cuántas personas leerán cada cosa que escriba. No sé adónde me llevará este camino. Y quizás esa ya no sea la parte más importante. Escribo porque es mi manera de entender el mundo. Escribo porque hay cosas que solamente encuentro cuando las pongo en palabras. Escribo porque, cuando leo a otra mujer y encuentro una frase que podría haber escrito yo, siento una conexión difícil de explicar. Y escribo porque estoy convencida de que existen miles y miles de mujeres anónimas, desconocidas, independientes, sentadas ahora mismo frente a una computadora o con un cuaderno sobre las piernas, que tienen historias extraordinarias para contar. Quiero leerlas.Quiero escucharlas. Quiero que nos escuchemos entre nosotras.

Porque quizás nunca tengamos todas la misma opinión, la misma historia, los mismos sueños ni la misma manera de expresarnos. Pero podemos hacer algo mucho más poderoso: podemos construir una comunidad donde ninguna mujer sienta que necesita quedarse callada para pertenecer. Así que hablá, escribí, pintá, cantá, creá, emprendé. Encontrá tu manera. Pero, por favor, no renuncies a tu voz.

Y cuando escuches la de otra mujer, aunque sea diferente a la tuya, recordá cuánto nos costó llegar hasta acá.Quizás nuestra voz sea individual. Pero cuando aprendemos a escucharnos, se vuelve colectiva.

Gracias por darme este espacio para dar a escuchar mi voz! 

Besos!

Panky


Pamela, mujer argentina, escritora, con una marca de lentes y accesorios, pero, por sobre todas las cosas, mamá de Eva.


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Flor
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