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La música y las historias que elegimos escuchar

Hay una historia que mi mamá siempre cuenta sobre el día en que nací, aquí en Costa Rica. Mi padrino llegó al hospital, me oyó llorar y dijo: “ella va a ser cantante.”

No terminó exactamente así.
Pero por ahí iba la cosa.

De chiquita, era eso que hacía sin pensar. Lo hacía por horas, perdiendo la noción del tiempo. No porque fuera especialmente buena, sino porque se sentía como en casa. Con los años empecé a notar algo más: la música no era solo algo que escuchábamos. Era algo que nos enseñaba a ver el mundo, y a vernos a nosotros mismos.

A quién valoramos, y por qué.
A quién celebramos, y por qué.
Quién aparece, y quién no.

Mucho después, terminé trabajando en política y activismo. Todos los días trataba de enfrentar problemas que parecían de política pública, pero que en realidad eran problemas culturales. Me tomó tiempo verlo así.

Trataba de entender por qué la gente cree lo que cree. Por qué el miedo se mueve más rápido que la empatía. Por qué algunas ideas se vuelven parte de la cultura y otras se quedan al margen.

Y eventualmente, casi sin darme cuenta, volví a la música, pero esta vez desde otro lugar.

Hoy trabajo en música, pero no solo como industria. Me interesa como fuerza. Como un lugar donde se construyen narrativas, donde se define lo que es “normal”, lo que es deseable, lo que es posible. Me interesa quién tiene acceso a ese espacio, y quién no.

Porque la música que escuchamos no es casual. Es el resultado de muchas decisiones. Quién recibe inversión, quién tiene contactos, qué historias se consideran “universales” y cuáles se ven como “de nicho”. Y esas decisiones terminan moldeando algo muy profundo. Qué vidas importan, qué experiencias se sienten cercanas, qué futuros podemos imaginar.

Desde ahí quiero hablar con ustedes..

Pero también, desde aquí.

Desde Costa Rica, que es un país donde muchas veces no escuchamos nuestra propia música. Donde admiramos lo de afuera con facilidad, y lo de adentro nos cuesta más. Donde hay artistas haciendo cosas increíbles, con pocos recursos, con mucha inventiva, y aun así no siempre logran cruzar esa barrera invisible que los llevaría a ser parte de nuestra conversación cotidiana.

Siempre me ha intrigado esa pregunta. ¿Por qué no escuchamos más música costarricense?
Y más allá de eso. ¿Qué tendría que pasar para que sí?

En este espacio quiero acercarme a la música con curiosidad, no con respuestas cerradas. Entender cómo se hace la cultura, cómo se mueve, cómo se transforma. Hablar con artistas, pero también escuchar lo que dicen, y lo que no. Mirar lo que está pasando aquí, sin perder de vista lo que pasa afuera.

Y, sobre todo, tratar de contar esas historias de una forma que nos acerque un poquito más. A la música, sí. Pero también entre nosotros.

Porque al final, creo que de eso se trata.

De encontrar formas de escucharnos mejor.



Mia Paz Cambronero trabaja en la intersección entre música, cultura y cambio social. Es fundadora del sello discográfico We Could Be Music, desde donde impulsa artistas y narrativas que buscan ampliar la conversación cultural. A lo largo de su carrera ha construido audiencias y comunidades en torno a causas sociales, explorando cómo la música puede convertirse en una fuerza para imaginar futuros distintos.


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Flor
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